Escribir ciencia ficción

¡Congelado!

Julián abrió los ojos.

Estaba tendido sobre la espalda, en una habitación de paredes metálicas. Intentó mirar a su alrededor, pero solo logró girar un poco la cabeza.

¡Lo había conseguido!

Ahora le gustaría ver las caras de los que se habían reído de él cuando decidió congelarse para dejar atrás aquella época de penurias.

Pero al instante se arrepintió de aquel pensamiento, porque sus amigos ya estarían todos muertos. Creían que aquello era un timo y hasta le hicieron dudar, y ahora ya nunca sabrían lo equivocados que estaban.

Se gastó todo lo que tenía, pero valió la pena. El contrato estipulaba que no sería despertado hasta que el mundo hubiera superado la crisis alimentaria, así que ahora podría vivir el resto de su vida comiendo los manjares que en su época solo estaban al alcance de los millonarios, sin tener que pelearse con sus vecinos por la bazofia que repartía el gobierno.

Unos minutos más tarde logró girar el cuello lo suficiente como para ver una camilla ocupada por un hombre desnudo.

“Otro cliente” —pensó, pero se alarmó cuando vio que le faltaba un brazo, y la herida, aunque parecía cauterizada, aún rezumaba un poco de sangre.

Le habían advertido que la congelación podía producir efectos secundarios, pero nunca imaginó que pudieran ser tan graves. Haciendo un esfuerzo, Javier logró mover unos milímetros sus miembros, lo suficiente para comprobar que no le faltaba nada.

Una puerta se abrió y alguien entró en la sala, aunque Julián no pudo ver quien era hasta que se acercó a la camilla del hombre al que le faltaba un brazo.

Vestía un uniforme blanco y se cubría la cabeza con un gorro alto, ancho por arriba y estrecho por abajo. Julián intentó llamarlo, pero la parálisis que lo atenazaba se lo impidió.

“Qué ridículo es el uniforme de los médicos de esta época” —pensó Julián, divertido, deseando fervientemente que le dieran el alta para ver los cambios y las maravillas de aquel mundo futurista.

El recién llegado se volvió hacia la puerta y gritó:

—¡Marcos!… ¿Qué han pedido los de la mesa quince? ¿Pierna o brazo?

Un pensamiento sobre “¡Congelado!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Este blog utiliza cookies para mejorar tu experiencia    Más información
Privacidad